Empresas ante temas sensibles: cómo tomar postura con criterio en entornos polarizados

Empresas ante temas sensibles: cómo tomar postura con criterio

Vivimos tiempos inciertos. Cuando se trata de posicionarse sobre temas políticos o sociales sensibles, como la reforma al poder judicial en México, el aborto, la legalización de las drogas o las marchas feministas del 8M, las empresas ya no pueden, como antes, optar por el silencio.  

No, calladitas no se ven más bonitas. Los colaboradores, especialmente los más jóvenes, así como los consumidores e incluso analistas e inversionistas, esperan que las compañías se pronuncien sobre los temas sociales, políticos y ambientales que les importan.  

Pero posicionarse implica siempre un riesgo, un costo-oportunidad implícito, pues es prácticamente imposible quedar bien con todo el mundo y mantenerse alineado a los valores corporativos con un posicionamiento ambiguo, tibio y, aparentemente, conciliador.  

¿Pero qué, cuándo y cuánto decir sobre los diferentes temas que polarizan a los diferentes colectivos que integran nuestros grupos de interés, si además no tienen una posición única?  

¿O acaso todos nuestros colaboradores piensan igual sobre todo?  

¿Deben las empresas expresarse en función de la opinión mayoritaria? ¿Y cómo sabemos lo que piensan las mayorías? ¿Y si lo que piensan las minorías está más alineado con la cultura, principios y hasta los objetivos de la empresa?  

Ante esta situación, ¿Qué pueden hacer las empresas, en particular, para definir el grado de involucramiento corporativo ante dilemas éticos y políticos, en medio de la guerra cultural que vivimos? 

Enfoquémonos en los colaboradores. 

Según Alison Taylor en “Corporate Advocacy in a Time of Social Outrage”, las empresas no pueden involucrarse en todos los asuntos que son importantes para sus empleados, pero sí puede abrazar la diversidad a través del diálogo y la transparencia.  

Crear una cultura de diálogo abierto y transparencia ética:

Las empresas deben fomentar un entorno donde las preocupaciones éticas sean parte del trabajo diario y la política se considere una parte saludable del discurso. Esto implica anticipar discusiones regulares sobre prioridades sociales y estar atentos a cómo las decisiones corporativas impactan a las personas. 

Involucrar a los colaboradores desde el principio:

Es crucial que las empresas involucren a sus empleados en el proceso de determinar qué temas priorizar y cómo abordarlos tanto interna como externamente. Esto no solo fortalece la cohesión interna, sino que también asegura que las acciones de la empresa reflejen verdaderamente los valores de su fuerza laboral. 

Reevaluar las prioridades y la comunicación: 

Las organizaciones deben reconsiderar cómo determinan qué priorizar y discutir. No se trata de pronunciarse sobre cada tema, sino de hacerlo de manera que sea coherente con los valores y objetivos de la empresa. 

En resumen, la clave está en diseñar una organización donde las preocupaciones éticas y sociales sean parte integral de la comunicación dentro del ámbito laboral, de arriba hacia abajo, y viceversa.  

Las empresas deben ser conscientes de cómo sus decisiones afectan a las personas y estar preparadas para actuar de manera coherente y responsable.  

¿Qué opinas sobre el papel de las empresas en temas sociales y políticos?  

Fidel Salazar
Director de Consultoría
fsalazar@komunikalatam.com
LinkedIn: Fidel Salazar

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